L'absurdité confine à l'indécence.
Charles Perrault
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Si no tienes una columna pasados los veinte, no molas. Luna Miguel ya tiene una columna, Laura Rosal ya tiene una columna, yo ya tengo una columna. ¿No bebe la ciudad de tus palabras, fuente de belleza y de dolor? ¿No sales a la calle cada semana con los brazos pintados de versos? ¿De verdad no se habla a voces de lo controvertido que eres? Lo sentimos, pero si no tienes una columna: no molas.
Nosotros fornicamos con perros –Eisenstein, Buñuel, Miyazaki–, con gatos –Stravinsky, Garneau, Coltrane–, con pájaros –Pizarnik, Woolf, Kafka– y con toda una fauna selecta: animales domesticados en un vicio desmesurado, desbordado. No importa nuestro sexo, en absoluto, pues todos compartimos un orgasmo que va más allá del cuerpo. El hombre-mujer, la mujer-hombre, el hombre-animal y la mujer-agua. Especímenes idénticos porque, como decía Valéry, «lo que no se parece a nada no existe». Fin de la historia.
A nuestra generación podéis ponerla de corrompida –que no corrupta– para arriba. Somos una panda de coprófagos alcohólicos atascados en el sinsentido del hecho. No es nada nuevo. Siempre es igual. Pero nosotros molamos. Verbigracia, un poema inédito: involución.
«La cuna del antropocentrismo / es tan vacua como la cuna / de todo hombre, al nacer. Al crecer, diseñamos y cincelamos / hasta alcanzar el antropomorfismo / de las cosas, de las posas. Pero solo es al morir cuando uno, / de vuelta a la tierra o al viento, / ceja en su empeño por reproducirse». Bah.
Si no tienes una columna pasados los veinte, no molas. Luna Miguel ya tiene una columna, Laura Rosal ya tiene una columna, yo ya tengo una columna. ¿Jamás ves lo bello en lo no-bello? ¿Ni al revés? ¿No lo plasmas cual anciano decrépito que ha nacido otra vez? ¿No entiendes aún que es todo paja y sangre? Lo sentimos, pero si no tienes una columna: no molas.
Y lo más importante es molar.